viernes, 17 de junio de 2016

Tesis doctoral sobre el Museo Olavide

El Dr. Felipe Heras Mendaza realizó la tesis doctoral sobre el Museo Olavide y ha tenido a bien hacérnosla llegar para el disfrute de todos aquellos que quieran acercarse a la figura de Olavide y a sus figuras.
Bajo el título de "Figuras e historias clínicas del Museo Olavide: Estudio dermatológico" se esconde un trabajo de incalculable valor y una joya para la historia de la dermatología española.

En el siglo XIX, tener lepra o sífilis no sólo acercaba peligrosamente a la muerte, también era una muesca en la piel que marcaba con crueldad terrible y expulsaba de la sociedad a quien la sufría. Las enfermedades dermatológicas estaban rodeadas de misterio y, en ocasiones, de carga moral. De muchos de estos males no se conocía la causa. En otros casos, no había tratamiento curativo, y el paciente internaba en dispensarios donde se le ocultaba de la mirada exterior.

El Hospital San Juan de Dios, en Madrid, era uno de estos lugares. Un centro destinado a la beneficencia, donde se juntaban leprosos, convalecientes de infecciones venéreas y afectados por extrañas erupciones o ampollas de las que poco se sabía. La ciencia, sin embargo, fue avanzado en ese siglo, arrinconando a la superstición, y surgieron figuras como la del doctor José Eugenio Olavide, que convirtió al San Juan de Dios en el primer hospital español especializado en dermatología e impulsó una extensa colección de figuras de cera -se tiene noticias de la existencia de más de mil- en la que expertos escultores fueron recreando las distintas enfermedades de la piel que la medicina de la época había catalogado. Estas figuras, que sirvieron para que los estudiantes aprendiesen a reconocer eritemas, dermatitits o rupias sifilíticas, dieron lugar al Museo Olavide, que desapareció en el siglo XX cuando el edificio fue derruido.
Las esculturas se guardaron en cajas y quedaron olvidadas hasta hace aproximadamente una década, cuando las recuperó la Asociación Española de Dermatología (AEDV) Hoy, son un testimonio histórico y científico de primer orden. Ahora, los murcianos podrán conocer sesenta de estas figuras en una exposición organizada por la sección murciana de la AEDV que abrirá sus puertas el 2 de marzo en el Archivo General.
Los visitantes podrán hacer un viaje al pasado y valorar lo mucho que se ha avanzado. «En aquella época la mortalidad era altísima, y la mayoría de tratamientos eran paliativos, no curativos; apenas se conocían las enfermedades, sólo sus síntomas», explica José Francisco Frías, jefe de servicio de Dermatología de La Arrixaca.
127 años después de la creación del Museo Olavide, el hospital murciano pone a punto un proyecto piloto de telemedicina que permitirá a los dermatólogos diagnosticar a partir de las imágenes digitales que envíen los médicos de familia de los centros de salud de su área. Pero, quién sabe, quizá dentro de otro siglo los murcianos miren con la curiosidad de un arqueólogo los avances de hoy, para entonces superados y convertidos en objeto de museo.

domingo, 14 de febrero de 2016

San Roque, las llagas y el perro.

Su onomástica es el 16 de agosto. Santo protector ante la peste y toda clase de epidemias, su intervención era solicitada por los habitantes de muchos pueblos y, ante la desaparición de las mismas reconocían la intervención del santo, por lo que se le nombraba santo patrón de la localidad. Es además protector de peregrinos, enfermeros, cirujanos , entre otros.

Aparece representado en las artes plásticas vestido de peregrino con bordón, sombrero y capa, herido en una pierna, siendo la más habitual la izquierda, y acompañado de un perro llamado Melampo o un ángel, aunque a veces son representados ambos.

No existe acuerdo entre los historiadores a la hora de señalar el año de nacimiento de San Roque. Según la tradición nació en Montpellier (Francia) hacia el año 1295, mientras que otras versiones lo trasladan al siglo XIV, entre los años 1348 y 1350.

Fue un peregrino que se desplazó a Roma. Recorrió Italia y se dedicó a curar a todos los infectados de la peste.

Su devoción se extendió muy rápidamente a partir del siglo XV. Desde Venecia se extendió el culto hacia el mundo germánico y a los Países Bajos. En 1477, con ocasión de una epidemia de peste, se fundó en Venecia una cofradía que bajo su nombre, se dedicó al hospedaje de enfermos de peste y que fue conocida como Confraternità o Scuole di San Rocco. Dicha agrupación fomentó la devoción al santo construyendo capillas y más centros de acogida por toda Italia.

Una de las iglesias más conocidas que están dedicadas a este santo está en París, muy cerca del Museo del Louvre; la hizo edificar Luis XIV en 1653. Toda Europa e inclusoAmérica Latina están sembradas de templos que le fueron dedicados.




martes, 27 de octubre de 2015

El mito Friederich



Paco Lluch, enfermero de las UBS de Calvià y Capdellà, nos trae su revisión del método Friederich y las famosas seis horas de margen para suturar heridas. Las imágenes son de producción suya.


El método de Friedrich consiste en la escisión sistemática de los bordes de las heridas traumáticas, como alternativa al método antiséptico consistente en el uso del ácido fénico para evitar las infecciones.

HISTORIA


Hasta mediados del siglo XIX se defendía la necesidad de que apareciera el pus “bonus et laudábilis”, y si este no aparecía, había multitud de fórmulas para provocarlo. No obstante se temía la gangrena, la putrefacción y el envenenamiento de la sangre. Si bien antes del siglo XIII, Teodorico ya había dicho que el pus no era necesario, por otra parte Ambrosio Paré (1510-1590) en el siglo XVI dijo en sus escritos “no puedo decir porque razón, pero creo que uno de los principales medios para curar las heridas, es conservarlas bien limpias”.

En 1795 Gordon de Aberdeen escribe un tratado sobre la fiebre puerperal respecto a médicos y matronas, que “cada una de estas personas que había asistido a una parturienta atacada de fiebre puerperal, se cargaba de una atmósfera de infección que se comunicaba a toda mujer embarazada que se hallara dentro de su radio”.

A mediados del siglo XIX se discutía que las fiebres fueran contagiosas y más que las manos, ropas e instrumental pudieran trasmitirlas; quienes esto defendían lo achacaban a partículas cadavéricas, hasta entonces se creía que eran causadas por miasmas atmosféricos, y recomendaban el lavado de manos con cloruro de cal.

A partir de los descubrimientos de Luis Pasteur que atribuye a microorganismos la cusa de la fiebre causantes de muchos procesos patológicos y muertes, se inician los métodos de antisepsia

Al conocerse la naturaleza microbiana de las infecciones, la solución consistía en destruirlos. Para este fin se utilizó el ácido fénico, que provocaba importantes causticaciones tanto en los bordes de la herida como en la piel circundante. Posteriormente se diluyó para minimizar estos efectos.

P. L. Friedrich (1864-1916) publica su ensayo en 1898 con el título “demostración sobre el factor tiempo en la infección de las heridas traumáticas”. Y su solución para evitar las infecciones es la escisión sistemática de los bordes de la herida traumática, para efectuar el cierre directo dentro de las primeras seis horas. Al considerar que los microbios se encontraban depositados en el borde de la herida, y necesitaban seis horas para pasar al organismo, se evitaba el paso eliminando los bordes dentro de este plazo .

Tengamos en cuenta que el cierre de las heridas de posponía a la llegada del cirujano que por lo general no se encontraba en el hospital, y si no parecía de suficiente entidad , se dejaba sin cerrar tapada con emplastos de diferentes compsiciones.

El fundamento de la propuesta de Friedrich consistió en un ensayo en el que se practicaba una herida en el músculo tríceps a un cobaya y se contaminaba con tierra de jardín, y observó que aquellos animales a los que se les escindía los bordes de la herida antes de las seis horas, sobrevivían en tanto los que no, morían entre las cuarenta y ocho y las setenta y dos horas. A partir de las dieciséis horas se podían encontrar microbios en las vísceras.

El objeto de la escisión de los bordes no era facilitar el cierre de la herida, si no evitar la infección. Establecer el plazo de seis horas se debía a que las heridas se trataban mediante cierre directo sin medidas de asepsia, o con medios muy agresivos, trascurridas muchas horas, por no haber cirujanos siempre disponibles.

Entre quienes adoptaron el método antiséptico se encuentran nombres que nos son tan familiares como Ricardo Volkmann, Smarch, Trendelenburg, Kocher…

ACTUALIDAD

El refrescamiento de bordes, facilita el cierre de la herida al permitir el aporte hemático hasta las superficies a unir, eliminando tejidos desvitalizados y desvascularizados que no participarían en el proceso de cicatrización. Cierto que per se no es ni mucho menos garantía total de cierre exitoso




Ante una herida traumática lo primero que hacemos es lavarla, entre otras cosas para poderla valorar, amén de eliminar cualquier resto de suciedad que pueda contaminarla. Sin duda los medios utilizados hoy son infinitamente menos agresivos y más eficaces, por otro lado la presencia de microorganismos en una herida no implica necesariamente que vaya a desembocar en infección. El instrumental quirúrgico está disponible en cualquier nivel asistencial y los medios de sutura estériles y también los guantes. Las técnicas de sutura se han depurado y contamos con antibióticos, y un amplio arsenal de antisépticos como povidona yodada, clorhexidina, cloruro de benzalconio, agua oxigenada, nitrofurazona y el jabón.

CITAS

“Pocos organismos entran en la herida. Los que penetran en ella, en su mayoría son inofensivos, los tejidos se desembarazan de ellos o eliminan rápidamente las bacterias extraviadas que puedan ser dañinas, siempre que estén sanos, que se hayan cortado limpiamente y se toquen con suavidad”

“Lo importante es evitar condiciones que favorezcan la proliferación de los gémenes para evitar la infección”

“En heridas inciso contusas, recorte de bordes (Friedrich) para eliminar la piel necrótica o contundida antes de la sutura. En heridas contusas, muy contaminadas, con pérdida de sustancia o si llevan más de doce horas de evolución no se debe realizar la sutura de entrada”



En la primera guerra mundial L. Böhler aplicaba el método de Friedrich hasta dos horas tras la herida, en el espacio entre guerras, cerraba las heridas si no habían trascurrido más de seis u ocho horas

Volkmann y Bramann (Itzerot 1901) y Trendelenburg(Rimann1906) obtuvieron todavía mejores resultados aplicando a las fracturas abiertas el método de Friedrih (1898) de la escisión sistemática y sutura primaria de la herida. Con esto se consigue convertir la mayoría de las fracturas abiertas en cerradas, y por tanto suprimir el peligro.

Comúnmente se puede practicar la escisión las primeras seis u ocho horas…..por otra parte se ven a veces heridas que a las veinticuatro horas tienen todavía un sano color rojo. En estas puede practicarse la sutura previa cuidadosa escisión.




El papel de la bacteriología, serología y química en el tratamiento de las heridas. En nuestro cartel sobre el tratamiento de las heridas se mencionan, en primera línea, el tiempo, el reposo, especialmente el reposo ininterrumpido, y la buena circulación; luego, en las heridas recientes, la exacta escisión primaria y la sutura de la piel. No se hace mención a remedios serológicos y químicos porque, generalmente, no los empleamos, considerándolos superfluos y, a menudo perjudiciales. El único medio seguro para evitarla infección de la heridaes su limpieza mecánica con bisturí y tijeras, es decir la extirpación de todos los tejidos destruidos y mal nutridos. De esta manera se eliminan también todos los cuerpos extraños y los gérmenes patógenos adheridos a ellos y a los tejidos. La pequeña cantidad de gérmenes que pudieran quedar, no hacen daño, ya que los tejidos sanos y bien irrigados se defienden fácilmente

Cuando han trascurrido más de seis horas clásicamente considerado de intervalo libre y en general con diez o más horas se considerarán como heridas infectadas, sometiéndolas a un tratamiento específico:1º Extirpación de esfácelos. 2º Desbridamiento que de al suciedad en fondos de saco. 3º tratamiento postural, reposo y posición que favorezca el riego. 4º cura de Carrel ( irrigación con solución de Darkin – solución de hipoclorito sódico- o aplicación de fermentos (léase enzimas) triptasa y varidasa, asociado a antibióticos). º una vez desaparecida la infección, se puede proceder a la sutura secundaria. (J. Toledo del Valle. Patología quirúrgica A.T.S. II pag. 294. ed. 1970)

martes, 8 de septiembre de 2015

Ricardo III murió por las heridas recibidas en la cabeza














  
FOTOGRAFÍA DE UNIVERSITY OF LEICESTER VIA CORBIS
 
Los análisis confirman que recibió varias heridas en la cabeza

Según un nuevo estudio publicado en la revista The Lancet, Ricardo III murió por heridas en el cráneo mientras luchaba ya apeado de su caballo.
Los expertos forenses han concluido, tras el análisis de sus restos, que el último rey inglés muerto en combate sufrió once heridas en el campo de batalla de Bosworth en1485. Nueve de ellas las recibió en la cabeza, de las que dos fueron mortales, según declara Sarah Hainsworth, de la Universidad de Leicester y una de las autoras del informe.
Para el estudio utilizaron tomografía computarizada de todo el cuerpo e imágenes de micro-CT para recrear los últimos momentos del rey, que abandonó su caballo cuando quedó atrapado en un lodazal y fue rodeado por tres o cuatro asaltantes armados.
«¡Mi reino por un caballo!», clamaba Ricardo III en la obra de Shakespeare, una escena que parece adaptarse a la perfección a la teoría de los expertos.
«Las heridas en el cráneo sugieren que no llevaba casco, mientras que la ausencia de heridas en brazos y manos parece indicar que sí que llevaba armadura», señala Hainsworth. 
El equipo también encontró otra herida grave en la zona de la pelvis que pudo ser mortal, pero ha concluido que fue provocada tras la muerte.
«Si la hubiera recibido en vida, se habría desangrado hasta morir», señala la experta. «Sin embargo, dado el ángulo de la herida, parece poco probable que la sufriera mientras luchaba, su armadura le habría protegido».
Se dice que el cuerpo fue subido a lomos de un caballo para ser trasladado y enterrado por los monjes en el terreno de una iglesia cercana.
«Esa posición sobre el caballo sería la correcta para infligirle la herida, que se entiende como un acto de humillación», sugiere Hainsworth. 
El rey fue enterrado sin pompa alguna y condenado al olvido, hasta que sus restos fueron descubiertos en 2012 bajo un aparcamiento de Leicester; los análisis de ADN demostraron que efectivamente se trataba del esqueleto de Ricardo III.

 http://www.nationalgeographic.es/noticias/ricardo-heridas-cabeza-noticia

domingo, 19 de julio de 2015

Cómo la Primera Guerra Mundial cambió el tratamiento de las heridas



Entre 1914 y 1918, los países industrializados más poderosos del mundo se enfrentaron en el campo de batalla. Las nuevas armas de la era moderna -proyectiles, morteros de trincheras y ametralladoras- se usaron contra millones de hombres.
Se estima que 26 millones de soldados cayeron en combate. Los equipos médicos que luchaban para salvar vidas fueron puestos bajo una increíble presión.

Pero la guerra era la madre de las invenciones, y el área de la medicina no fue una excepción. En la Gran Guerra se desarrolló una serie de innovaciones que sirvió para salvar vidas, no sólo en ese conflicto, sino en los que le han seguido.
Hoy en día, el personal del Centro Real para la Medicina de Defensa del hospital Queen Elizabeth, en Birmingham, Reino Unido, está a la vanguardia de la medicina militar, y todavía utiliza algunas de las técnicas desarrolladas hace un siglo.

El trabajo en un hospital de la Primera Guerra Mundial era muy precario. Hacia enero de 1915, las autoridades médicas británicas se dieron cuenta que muchos soldados estaban muriendo antes de tener acceso a un tratamiento adecuado.
Desde el inicio de la guerra se tuvieron que realizar cirugías en las instalaciones médicas dispuestas en la retaguardia de los frentes de combate. En cuestión de meses, estos centros eran más parecidos a un hospital de combate que a su función original como estación de despacho de heridos.

Cirujanos y enfermeras militares terminaron operando en centros de trauma de tiendas de campaña, ubicados muchas veces al alcance del oído de los combates.
Henry Souttar, un distinguido cirujano, describió la situación que encontró cuando instalaba su hospital en un pueblo de Bélgica.

"No teníamos escalpelo, tampoco hemostato ni sutura. Algunos doctores belgas que estuvieron trabajando allí nos prestaron una pequeña caja de instrumentos elementales, y eso fue absolutamente todo lo que teníamos".

"En cuatro días ingresaron 350 pacientes, todos con heridas de naturaleza terrible. Los brazos y las piernas estaban desgarrados o colgando de tiras, horribles heridas en la cabeza dejaban expuesto el cerebro. Durante cuatro días y cuatro noches el quirófano estuvo funcionando sin parar, hasta que uno se enfermaba con sólo ver sangre".

Si bien los cirujanos en los hospitales militares podían esperar trabajar en mejores condiciones que las descritas en los hospitales voluntarios como los de Souttar, ellos se mantuvieron significativamente bajos de recursos.
Incluso en grandes hospitales, lejos del frente de batalla, había poco respiro. Un hospital base típico contaba con aproximadamente 300 personas trabajando.
A partir de 1917, este personal médico podía tener la responsabilidad de cuidar hasta a 2.500 pacientes al mismo tiempo.Muchos de los doctores y enfermeras que hoy trabajan en el Centro Real para la Medicina de Defensa han estado en el frente de batalla.
En ciertos aspectos, el tratamiento para soldados heridos durante la Gran Guerra no era muy distinto al que se utiliza en la actualidad.

Sin frente de batalla


Al igual que hace 100 años, la velocidad es el elemento más importante para salvar vidas.

"En un lugar, como Afganistán, realmente no hay un frente de batalla. La rapidez del tratamiento es totalmente crucial", explica el comandante del ejército británico Robert Scott.

Mientras que hace 100 años existían camillas para trasladar las bajas al puesto de ayuda, lo que se tiene ahora es al Equipo de Respuesta de Emergencia Médica, compuesto de helicópteros con médicos y enfermeros listos para llevar al herido al hospital de campaña.

La primera vez que los doctores se dieron cuenta de los beneficios de almacenar la sangre para tratar heridas de guerra fue hace 100 años. Ahora, es una parte esencial del tratamiento y está salvando vidas que de otra forma se hubieran perdido.

"En el terreno, los médicos pueden empezar a suministrar sangre tan pronto como llegan (al sitio donde está el herido). Y eso te da una buena probabilidad de que el paciente sobreviva y pueda llegar al hospital para tener el tratamiento necesario", señala la enfermera Jennifer Stevens.

"Así como en la Primera Guerra Mundial se utilizaron trenes para regresar a las personas a los hospitales en Londres, ahora tenemos helicópteros para, primero, ofrecer tratamiento inmediato en el hospital de campaña y, después, trasladarlo vía aérea al Reino Unido", comenta el cirujano Robert Scott.

"He tenido a casos que han sido operados literalmente 18 horas después de haber sido heridos. Yo creo que eso es bastante rápido".

Desarrollo tecnológico


Las heridas causadas a millones de soldados en la Primera Guerra Mundial propiciaron el desarrollo de nuevas técnicas médicas e invenciones:

1. Bancos de sangre:

El ejército británico inició la práctica de utilizar transfusiones de sangre para tratar a soldados heridos. Esta se transfería directamente de una persona a otra. Pero fue un doctor del ejército estadounidense, capitán Oswald Robertson, quien se dio cuenta de la necesidad de almacenar la sangre antes de que llegaran las bajas.
Robertson fue el primero es abrir un banco de sangre en el frente occidental europeo, en 1917. Utilizo citrato de sodio para prevenir la coagulación.
La sangre se guardaba durante 28 días y entonces se transportaba a las estaciones de despachos de heridos donde ayudaba a los cirujanos a salvar vidas.

2. Innovación tecnológica:

Las innovaciones desarrolladas en la Gran Guerra tuvieron un gran impacto en los índices de sobrevivencia, como el entablillado, creado por el cirujano británico Hugh Owen Thomas, quien aseguró una pierna fracturada.
Al principio de la guerra, el 80% de todos los soldados con fracturas en el fémur murió. Para 1916, el 80% de los soldados con esta lesión sobrevivió.

3. Rapidez en el tratamiento:

A partir de enero de 1915 el equipo médico del ejército británico se trasladó más cerca del frente de batalla. Los centros de atención estaban mejor equipados y, algo crucial, más cirujanos estaban cerca del campo de batalla.
Ello permitió menos demoras en administrar tratamientos que podían salvar vidas. Los soldados con heridas que antes eran fatales, ahora tenían más posibilidades de sobrevivir.

El legado


Es mucho lo que los tratamientos modernos le deben a la Primera Guerra Mundial.

La profesora Christine Hallet, de la Universidad de Manchester explica cómo incluso hoy en día, las técnicas que se empezaron a usar un siglo atrás, permanecen vigentes:

1. Tratamiento de choque en heridas:

La sangre se utiliza de forma rutinaria en hospitales de todo el mundo, con bancos a los que se puede recurrir cuando sea necesario. En el ejército, los equipo de respuesta de emergencia médica pueden suministrarle sangre a los heridos en el terreno, lo que ayuda a prevenir las muertes por choque.

Los avances en tratamientos de choque de heridas durante la Gran Guerra -desde la utilización de solución salina, pasando por la donación directa de sangre, hasta llegar al desarrollo de técnicas para almacenarla- han ayudado a dar forma a la práctica moderna.

2. Tratamiento antiséptico de heridas:

Actualmente, en cuestión de horas un soldado herido se puede trasladar al hospital.
Actualmente, son raras las veces que se ven heridas con infecciones serias, gracias al descubrimiento de antibióticos en 1928 y su implementación por todo el mundo en los años 40.
Sin embargo, mucho de lo que sabemos sobre el tratamiento de heridas se lo debemos a la experimentación con antisépticos durante esa primera guerra del mundo.
La técnica que desarrolló el médico, investigador y científico francés Alexis Carrel, el cual suministra hipoclorito de sodio directamente al tejido dañado, llegó a verse como la mejor práctica.
Una versión británica de esa sustancia se continuó usando para tratar heridas hasta finales del siglo XX.

3. Contención de infecciones:

La limpieza y la higiene son armas claves para prevenir la propagación de infecciones. Los soldados que vivían en paupérrimas condiciones en las trincheras de la Primera Guerra Mundial estuvieron expuestos a una variedad de infecciones, incluyendo fiebre tifoidea, que se transmite por los piojos.
El tratamiento de la llamada fiebre de trinchera amplió nuestro conocimiento sobre cómo detener la propagación de estas enfermedades, con prácticas más higiénicas adoptadas en hospitales de combate.

4. Trastorno de estrés postraumático:

El ejército moderno tiene un conocimiento más detallado del trauma psicológico, o trastorno de estrés postraumático.
Hoy en día los pacientes se benefician de una amplia gama de terapias, incluyendo las cognitivo-conductuales.
Durante la Primera Guerra Mundial, algunos pensaban que ese trastorno era una condición física causada por la percusión de las explosiones de proyectiles en el tejido del cerebro.
Otros lo vieron como una forma grave de estrés psicológico.
Estas controversias alimentaron el movimiento psicoanalítico a principios del siglo XX, que puede considerarse como el predecesor de la terapia cognitiva conductual.

Fuente: BBC
http://eju.tv/2014/02/cmo-la-primera-guerra-mundial-cambi-la-medicina/#sthash.CID2ugPG.dpuf

             

viernes, 17 de julio de 2015

Civil War Wound Art




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